La música, ya sea a través de la voz, la melodía, la armonía, el sonido o el ritmo, apela a las emociones más que al intelecto. No se requieren conocimientos previos ni talento musical para participar en la musicoterapia. La gama de instrumentos es amplia y son fáciles de tocar. Junto con el terapeuta, el paciente improvisa o simplemente escucha melodías, sonidos y ritmos.
La elección del instrumento depende de la situación individual y del plan de tratamiento propuesto.
El objetivo de la musicoterapia es abrirse a la quietud o al sonido. Todo proceso rítmico ayuda a estimular, fortalecer y mantener la salud, por eso la musicoterapia también es un componente vital en el tratamiento de muchas condiciones.